FAMDEGUA lleva más de treinta años buscando a los detenidos y desaparecidos del conflicto armado interno en Guatemala. Detrás de cada caso hay una familia que no ha parado, que ha sostenido la búsqueda a pesar de la impunidad, de las amenazas, de los años que pasan sin respuesta. Esa lucha no termina con una generación. No puede terminar.
Y FAMDEGUA lo sabe. Las familias que llevan décadas organizadas se están preguntando quién va a continuar con esa promesa de amor que es la búsqueda. Las nuevas generaciones están ahí, con energía y con preguntas incómodas, pero necesitan un espacio que las reciba desde donde están, no desde donde las otras generaciones creen que deberían estar. Por eso existe la Escuela de Memoria y Arte: no como respuesta a una idea bonita, sino a una necesidad concreta que el propio trabajo de FAMDEGUA fue revelando con el tiempo.
La Escuela es un espacio para jóvenes: hijos, nietos, sobrinos de personas desaparecidas, y también jóvenes organizados que entienden que la memoria es una herramienta política. Aquí no venimos a guardar el pasado en un museo. Venimos a entender qué pasó, por qué pasó, y qué tiene que ver con lo que está pasando ahora.
Pero la Escuela también es un espacio de encuentro entre casos. Familias del caso Bámaca, Josefinos, Dos Erres, Diario Militar — personas que vivieron historias similares pero que no siempre se habían conocido — se encuentran aquí y se reconocen. Ese reconocimiento tiene un valor que va más allá de lo organizativo: nombra una experiencia compartida, rompe el aislamiento que la impunidad produce, y construye un tejido de solidaridad entre quienes saben lo que es esperar sin respuesta.
Y lo hacemos desde una lógica que invierte la dirección habitual: no es FAMDEGUA enseñándole a los jóvenes lo que pasó. Es un espacio donde las generaciones aprenden mutuamente. Quienes vivieron los hechos aportan la experiencia, la trayectoria, la memoria encarnada. Los jóvenes aportan preguntas nuevas, lenguajes nuevos, y conexiones con las luchas del presente que los mayores a veces no ven desde adentro. Esa reciprocidad es lo que hace que esto no sea una clase de historia sino una construcción colectiva.
En la Escuela acompañamos audiencias de casos de desaparición forzada. No solo para apoyar a los familiares que vivieron la desaparición de sus seres queridos en carne propia —aunque eso también importa y mucho— sino para que las nuevas generaciones podamos explorar nuestros propios sentidos de justicia, hacer nuestras propias preguntas, y entender desde adentro por qué esta lucha sigue siendo urgente.
Revisamos el archivo visual de FAMDEGUA y construimos memoria desde adentro. Preparamos exposiciones públicas porque creemos que la desaparición forzada no es un tema solo para quienes tienen un familiar desaparecido. Es un tema para toda la sociedad. En Guatemala se desapareció a personas por pensar distinto, por organizarse, por hacer arte. Y hoy, con otras lógicas y otros pretextos, la violencia y la persecución siguen presentes en una sociedad que ha aprendido a mirar para otro lado, que culpa a las víctimas y a sus familias en lugar de exigir cuentas. Las exposiciones son una invitación a mirar de frente, a entender que lo que le pasó a estas familias nos interpela a todos, y a que más personas se sumen a exigir que esto no se repita.
Y todo esto lo hacemos juntos: en persona y también desde la distancia, porque hay tercera y cuarta generación en la diáspora que también es parte de esta historia y también tiene preguntas que hacer y energía que poner.
Si tu familia vivió la desaparición forzada, o si simplemente crees que sin memoria no hay democracia, este espacio es tuyo.
FAMDEGUA no va a dejar la búsqueda. Y estamos formando a quienes la van a continuar.
¿Querés ser parte? Escribinos a asociacionfamdegua@gmail.com
















