Guatemala está atravesada por lugares que conservan las huellas de la desaparición forzada y de otras graves violaciones a los derechos humanos. Comunidades, antiguos centros de detención, sitios de enterramiento, fosas, lugares de exhumación y territorios afectados por operaciones represivas forman parte de una geografía de la violencia que, durante décadas, las víctimas y sus familias han intentado reconstruir.
Pero esos mismos territorios contienen otra historia: la de quienes buscaron. Durante décadas, madres, padres, hermanas, hermanos, hijas, hijos, sobrevivientes y organizaciones de derechos humanos han recorrido el país buscando a las personas desaparecidas, reconstruyendo los hechos, preservando documentos, identificando lugares, acompañando exhumaciones y reclamando verdad y justicia.
La Cartografía de la Desaparición Forzada en Guatemala busca hacer visible esa doble geografía: la de la desaparición y la de la búsqueda.
Una memoria construida durante décadas
Una parte fundamental de esta cartografía nace del trabajo realizado por la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Guatemala — FAMDEGUA, organización fundada por familiares de personas detenidas-desaparecidas durante el conflicto armado interno.
Su trayectoria comprende el acompañamiento a víctimas de graves violaciones a los derechos humanos y el impulso de casos nacionales e interamericanos, entre ellos las masacres de las Dos Erres y la aldea Los Josefinos en 1982, CREOMPAZ 1980-1986, Diario Militar (1983-1985), las desapariciones de Héctor Paredes Chegüen, Efraín Bámaca Velásquez, Luz Leticia Hernánadez Agustín, entre otros. En los más de 30 años desde su fundación, FAMDEGUA ha realizado más de 160 exhumaciones y recuperado más de 1.800 osamentas de víctimas de desaparición forzada en Guatemala.
Ese acumulado representa mucho más que un archivo. Detrás de cada expediente, testimonio y lugar documentado existe una historia familiar y comunitaria. Son décadas de conocimiento construido desde la búsqueda, muchas veces frente al silencio, la impunidad y las dificultades para acceder a la justicia.
Poner la Memoria sobre el Territorio
La Cartografía parte de la identificación y sistematización de información existente en los archivos históricos de FAMDEGUA y la complementa mediante investigación y documentación territorial. El proyecto contempla identificar lugares donde se realizaron trabajos de prospección, exhumación y recuperación de osamentas, realizar visitas de campo, georreferenciar los sitios y documentarlos in situ.
Así, el mapa deja de ser solamente una representación geográfica. Cada punto puede conducir a una historia.
Un lugar donde alguien fue visto por última vez.
Un territorio afectado por la violencia.
Un sitio de enterramiento.
Una exhumación.
Una búsqueda.
Una familia esperando respuestas.
La cartografía permite relacionar esas historias con el territorio y comenzar a comprender la dimensión espacial de la desaparición forzada.
Del dolor al mapa
La propuesta metodológica contiene una idea especialmente poderosa: la posibilidad de realizar una “transferencia de dolor al mapa”. Los testimonios y las experiencias vividas permiten reconstruir los lugares y depositar en la cartografía parte de una memoria que durante años ha sido sostenida por las propias víctimas y sus familias. La propuesta articula esta dimensión testimonial con herramientas de cartografía crítica y mapas digitales.
Esto significa que no queremos construir un mapa compuesto únicamente por coordenadas. Queremos preguntarnos:
¿Qué ocurrió aquí?
¿Quién desapareció?
¿Quién buscó?
¿Qué encontraron las familias?
¿Qué permanece todavía sin esclarecer?
¿Qué significa hoy este lugar para quienes sobrevivieron?
La respuesta a estas preguntas convierte cada sitio en un lugar de memoria.
Cartografiar los patrones de la violencia
Mirados individualmente, los lugares cuentan historias particulares. Observados conjuntamente, pueden revelar patrones que nos permitan entender ¿qué paso? Por esta razón, uno de los propósitos expresos de laCartografía de la Desaparición Forzada en Guatemala es elaborar mapas que permitan comprender las políticas represivas en Guatemalay analizar los patrones utilizados por agentes estatales en la comisión de graves violaciones a los derechos humanos.
La distribución territorial de desapariciones, lugares de detención, exhumaciones y otras graves violaciones permite aproximarse espacialmente a las políticas genocidas y de desaparición forzada y comprender que muchos de estos hechos no ocurrieron de manera aislada, al contrario conformaron el “terrrorismo de Estado”.
La cartografía se convierte así en una herramienta para investigar, relacionar y hacer visible. Puede ayudar a conectar lugares que durante años fueron estudiados separadamente y contribuir a formular nuevas preguntas sobre los circuitos territoriales de la violencia, las prácticas represivas y sus impactos sobre determinadas comunidades.
Una cartografía hecha desde la búsqueda. Esta no pretende ser una cartografía construida desde afuera de la experiencia de las víctimas. El conocimiento acumulado por las familias y organizaciones es una de sus fuentes fundamentales. Por eso el proyecto combina archivos, testimonios, investigación, recorridos territoriales y herramientas digitales, reconociendo que quienes han buscado durante décadas también han producido un conocimiento indispensable para comprender la desaparición forzada.
La Cartografía busca preservar ese conocimiento y contribuir al resguardo de los archivos de las organizaciones de víctimas, al acompañamiento de víctimas y sobrevivientes y a la divulgación de la memoria sobre la violencia estatal ocurrida en la región. Una herramienta para la memoria, la verdad y la justicia. Documentar un lugar también significa protegerlo del olvido.
La Cartografía de la Desaparición Forzada en Guatemala quiere transformar décadas de documentación y búsqueda en una herramienta pública que permita recorrer el territorio, comprender lo ocurrido y reconocer las luchas emprendidas por las familias.
Los resultados no se conciben únicamente como productos de divulgación. La propuesta plantea que, en el futuro, la información sistematizada pueda aportar a dictámenes periciales, medios de prueba en procesos de justicia y herramientas educativas para la transmisión de la memoria y la verdad.
Por eso cartografiar también es una forma de exigir justicia. Cada punto en el mapa tiene una historia. Un mapa nunca podrá contener por completo la historia de una persona desaparecida. Pero puede impedir que el lugar donde ocurrió su desaparición sea borrado. Puede conservar el recorrido de una familia. Puede mostrar dónde se buscó. Puede señalar dónde fueron recuperados restos humanos. Puede relacionar hechos separados por años y kilómetros. Puede ayudar a que una nueva generación conozca lo ocurrido. Y puede recordarnos que detrás de cada coordenada existe una persona, una familia y una historia que merece ser conocida.
Esta cartografía no señala únicamente dónde ocurrió la desaparición forzada en Guatemala. También señala los lugares desde dónde, durante décadas, las familias han construido memoria, buscado la verdad y sostenido la esperanza de encontrar.
